Los beneficios de la terapia craneosacral para bebés

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Con ligeros toques en el cráneo, el cuello y la espalda, el terapeuta restablece el fluir del líquido cefaloraquídeo alterado por tensiones físicas y psíquicas. Es muy beneficiosa para los niños, especialmente en caso de parto complicado o largo.

A la consulta de terapia craneosacral, acuden bebés con cólicos del lactante, pequeños con trastornos de psicomotricidad, de sueño, de alimentación, problemas musculoesqueléticos y de asimetría craneal, estrabismo, niños hiperactivos o que tienen dificultades para relacionarse con sus compañeros de colegio… En ocasiones, estos trastornos tienen mucho que ver con experiencias vividas por la madre durante el embarazo o el parto, la creación del vínculo con el hijo en los días posteriores, las primeras relaciones con la familia…, circunstancias generadoras de tensiones que se manifiestan en todos los niveles: físico, emocional, energético, y crean dificultades para poder vivir saludablemente.

¿En qué se basa la terapia craneosacral?

La terapia craneosacral considera que una de las manifestaciones básicas de la salud es un latido cefalorraquídeo correcto. De este pulso depende el buen estado del sistema nervioso y del resto de órganos y sistemas. Mediante manipulaciones suaves sobre la cabeza, el cuello y la columna se consigue regular este ritmo, alterado por diversas circunstancias, y recuperar la salud.

¿En qué consiste una sesión de terapia craneosacral?

Los padres siempre están presentes durante una sesión de terapia craneosacral. Los más pequeños la reciben en los brazos de mamá, a veces mientras están tomando el pecho. “En visitas posteriores, y siempre que el bebé esté contento y seguro, utilizo una camilla, y si es mayor hacemos la sesión en el suelo, sobre una alfombra, con juguetes, con mucho diálogo y negociación. En todos los casos, la seguridad y confianza son fundamentales”.

Las manos de la terapeuta recorren el cuerpo del niño, se detienen en la columna vertebral y en el cráneo y le ayudan a liberar esas tensiones. Los movimientos siempre son suaves. “Hasta los 10 años, aproximadamente, los huesos, especialmente los craneales, son muy maleables y, por tanto, muy susceptibles de rehabilitarse. Por esta razón, no son necesarias demasiadas sesiones para observar los resultados.”

La sesión suele alargarse una hora, aproximadamente. En cuanto al número de sesiones necesarias, en general los niños responden rápidamente, aunque todo depende de la gravedad del problema. Un cólico del lactante, por ejemplo, puede resolverse en tres sesiones.

La presencia de los padres, la elasticidad de los bebés, su receptividad… todas estas caracteríaticas hacen que la terapia craneosacral sea especialmente beneficiosa para los niños. El trabajo continúa en casa: los padres informan al terapeuta de los cambios que van observando en su hijo y a veces ellos también aplican algún tratamiento que el terapeuta les ha enseñado en a consulta.

 

Todo esto y más en: guiadelniño.com

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